pelegrín a 1982 la aventura de oír madrid ed cincel

Con el término “literatura infantil” (de ahora en adelante “LI”), deseamos referirnos a este grupo de proyectos literarias y, por consiguiente, con carácter artístico, destinadas a un público infantil (Bortolussi, 1985) . La llamada literatura “instrumentalizada”, llamada de esta forma por Cervera (1989), por tener un fin únicamente didáctico y prestar poco régimen estético, no entra, consecuentemente, a nuestra cuenta. De hecho, únicamente las muestras con valor estético, construídas para los pequeños o las que estos aprecian de su gusto -la llamada por el creador «literatura ganada»- representan lo que comprendemos por LI.

La LI da una fuente insaciable de proyectos de distintas géneros que animan por sí mismas a leer y, por medio de esta actividad, tienen la posibilidad de emplear el imaginario colectivo “para ofrecer forma a sus sueños, encauzar las pulsaciones o adoptar distintas perspectivas sobre la verdad” Colomer (2005, p.204). Además, la LI, como grupo de proyectos literarias destinadas al niño, así como lo comprenden, entre otros muchos autores, Bortolussi (1985) deja agrandar el diálogo entre el niño y la colectividad, en tanto que da este conocimiento sobre de qué manera es el planeta o de qué forma quisiese que fuera.

aventurera

Precisamente, la LI cumple una función socializadora que deseamos resaltar, por el hecho de que los contenidos escritos literarios infantiles charlan y meditan sobre los humanos. Colomer (2005) lo expresa con claridad en el momento en que se refiere a esta función de la literatura infantil:

¿Qué comprendemos por leer?

La investigación de Espantapájaros una parte de 2 premisas básicas: La primera es la de estimar la lectura, en un sentido extenso, como una manera de conocerse a sí mismo, de descifrarse y transcribir el planeta , de hallar en los libros y elementos de la civilización, elecciones para el desarrollo, para el diálogo, para beneficiar el pensamiento y para desarrollar la sensibilidad. La segunda propuesta, que proviene de esta concepción de lectura, es la hipótesis de que la necesidad del sentido acompaña al hombre desde su nacimiento, y esta hipótesis nos transporta a decir que leemos desde bastante antes de iniciar el desarrollo de alfabetización exactamente.

Esta iniciativa de la lectura como desciframiento escencial que implica, no solo lo cognoscitivo sino más bien asimismo lo sensible, se forma en el “nido” de nuestro trabajo. Desde aquí nos planteamos la labor de crear vínculos fuertes, no solo con los libros sino más bien con la gente que interaccionan con los pequeños desde los inicios de su historia, o sea, con la familia, los profesores y los bibliotecarios .

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