novela como hacer que un personaje vaya a la aventura

Si llevas lo bastante a tu trayectoria como escritor indudablemente te habrás encontrado con el consejo de escapar como de la peste de los arquetipos de personaje. Si es de esta forma, permíteme que te afirme que este es un consejo muy mal.

Es muy frecuente la confusión entre arquetipo y estereotipo: los arquetipos son esquemas básicos universales que hacen más fácil la identificación en un contexto cultural compartido. Es lo que señalaba el sicólogo Carl G. Jung como patrones universales del inconsciente colectivo.

Crea un enfrentamiento

En la literatura no hay individuos buenos y individuos pésimos. Quizás en ciertos cuentos tradicionales se podía llegar a meditar pero la verdad es que aun el mucho más maligno de los individuos tienen matices que lo humanizan, con lo que la manera de accionar debe venir condicionada no desde una naturaleza innata del personaje, sino más bien desde un enfrentamiento en el que se vieron envueltos.

 

Con una acción

Iniciar lo mucho más cerca de una acción viable es buena estrategia, pues es una manera rápida de conectar con el lector y también implicarlo en lo que sucede. Las acciones son además de esto una manera activa de caracterizar a los individuos y hacer más simple la conexión del lector con ellos. La mayoria de las veces, unida a la acción acostumbra ir el enfrentamiento, que es otra buena forma de enganchar al lector y crear esa tensión que ordena a pasar páginas de las que te charlaba al comienzo.

Abrir la novela con un diálogo nos deja dar información sobre los individuos, el ámbito y la trama de manera interesante. El diálogo impone un ritmo veloz (al revés que la descripción), con lo que, si bien no en todos los casos ocupa la primera línea, acostumbra manifestarse en todo el primer capítulo.

El planeta ordinario

La historia empieza anunciado de qué forma son las cosas antes que se se muestre el enfrentamiento que lo cambiará todo. Este es el instante que presentes a tu personaje principal y su día a día a fin de que después el lector logre ver todo lo que el personaje deja atrás en el momento en que recibe la llamada de la aventura.

Aquí entra el elemento disruptor que lo alterará todo. Al héroe se le muestra un enfrentamiento o la necesidad de hallar una meta. No ha de ser algo exageradamente dramático, puede ser sutil, pero desde aquí ahora nada volverá a ser lo mismo.

Tramas reducidas

Hay novelas literarias que desarrollan una trama (Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll) y otras múltiples tramas retratando distintas conjuntos de la sociedad (Contrapunt, de Huxley) o englobando generaciones (Cien años de soledad, de García Márquez).

Por norma general, las novelas cinematográficas desarrollan una trama primordial y de 2 a 4 subtramas.

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