las aventuras de tintín en el país de los nazis

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La irrupción del capitán Haddock en el planeta de Tintín convirtió el paisaje de un cómic que siempre y en todo momento se había ceñido a la rigurosa visión de todo el mundo de la ética escucha. Hergé había humanizado paulativamente a su personaje, mostrándole herido, ebrio y conmovido hasta las lágrimas, pero el joven notero del copo pelirrojo jamás había cometido ningún acto impropio o reprobable. Su exceso de virtud podía resultar molesto, saturando la crónica de movimientos ejemplares que menoscababan la probabilidad del grupo. Solo había buenos y pésimos, luces y sombras, jamás esos grises donde se mueven todos y cada uno de los humanos, puesto que aun los héroes conviven con debilidades y vicios. El capitán Haddock aportó esas ambivalencias que precisa la ficción para aguantar el contraste con la verdad, sin quedar rebajada a simulacro inverosímil. Frente Tintín, siempre y en todo momento ecuánime y medido, Haddock es antojadizo, voluble, inconstante, con pasión y también imprudente. Su cara no puede estar mucho más distanciada de la cara minimalista del joven notero, donde la mayor parte de los aspectos son sencillos puntos. Con una barba abundante y el pelo siempre y en todo momento despeinado, su nariz sobresaliente y su amplia y extensa boca, no deja de gesticular, expresando sus conmuevas con absoluta falta de mal fragancia. Borrachín, deslenguado y también desequilibrado, el capitán Haddock es la mejor creación de Hergé, el personaje que acredita su talento como fabulador con talentos para recrear los vericuetos de la comedia humana, con sus crestas y caídas, heroicidades y también deficiencias, claridades y penumbras. Exactamente la misma Sancho Panza, se mostrará reluctante a arrancar novedosas aventuras, pero siempre y en todo momento terminará triunfando su pereza y su egoísmo, asumiendo los peligros que sean precisos para contribuir a su amigo. Aun va a estar presto a sacrificar su historia, si las situaciones lo requieren, patentizando que la nobleza, lealtad y valor predominan sobre los defectos.

¿La civilización al servicio del orden dominante?

A pesar de que los tomos nombrados son los mucho más atrayentes para investigar la carencia de congruencia de determinados puntos de la personalidad de Tintín y su lado mucho más obscuro —reflejo visible de una falta de congruencia política de su creador— , el notero asimismo fue un héroe. Luchó contra la esclavitud y las drogas, procuró batallar a las repúblicas bananeras, defendió a los enclenques de los abusones, expresó su admiración por minorías sociales, expuso su historia para socorrer a el resto y mostró, durante sus aventuras, su lealtad hacia los amigos. Transcurrido un tiempo, esta personalidad mucho más bien fácil de Tintín se vería reforzada con la aparición de individuos que llenarían los espacios vacíos y que serían muy importantes en las tramas: el capitán Haddock, el instructor Tornasol, Serafín Latón, Tchang, su inseparable perro Milú o la única mujer en la vida y las aventuras de Tintín, Bianca Castafiore.

La sepa femenina y la carencia de sexo o situaciones románticas en las aventuras de Tintín puede contestar a 2 fundamentos, que no tienen por qué razón excluirse entre sí. El primero es la sepa de una presencia femenina fuerte en la vida del propio Hergé hasta su primera mujer, aparte de su marcada inclinación católica. Con una niñez que no le agradaba rememorar —un padre que viajaba bastante y una madre en un estado especial y permanentes crisis inquietas—, el creador imaginaba a Tintín, mucho más que como su hijo, como un huérfano y, por consiguiente, libre. El segundo fundamento es nuestro contexto del nacimiento de Tintín y, probablemente, la causa de su éxito: en una Europa pre- y posbélica, el notero asexuado con historias de aventuras en países lejanos o imaginarios que siempre y en todo momento salía victorioso sin solamente emplear la fuerza era un enorme atrayente entre el público infantil y no tan infantil y un óptimo mensaje para trasmitir al ancho del conjunto de naciones. La clave de Tintín es meditar en ello como un personaje que viene de un país pequeñísimo, inútil de arreglar inconvenientes de escala mundial, pero que pelea ferozmente contra los sátrapas.

La aparición de Tintín y Milo

El diez de enero de 1929 apareció por vez primera Tintín y su Fox Terrier, Milú, en el suplemento juvenil Le Petit Vingtième de Scièle. De todos modos, hablamos de su personaje Totor -con ciertas letras de su nombre cambiadas- transformado en notero y enviado con su compañero canino a la Unión Soviética. Significó el primero de los 24 álbumes que vendrían a constituir las populares y discutidas historietas de Las aventuras de Tintín.

Las otras proyectos conocidas de Hergé son Las aventuras de Jo, Zette y Jocko (5 álbumes) y Quique y Flupi (12 álbumes). Los dos títulos fueron desarrollados paralelamente con Tintín, pero no llegaron a tener la tirada del notero belga y Milo. Según Coronado-Morón et al. de la Facultad de Málaga, «Tintín es un caso emblemático de cómic juvenil que ha influido en los valores de jóvenes y jovenes de distintas generaciones». No en balde se transformó en una obra indispensable en el género.

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