fútbol y matemáticas: aventuras matemáticas del deporte rey david sumpter

Las matemáticas no tienen la posibilidad de desafiar a el fútbol. El fútbol encarna las esperanzas y sueños de las naciones. Nos une a la admiración por la capacidad y el deber. Tiene superestrellas y tácticas, diversión y emoción. El fútbol cubre partes enteras de los jornales y llena de mensajes nuestro Twitter. Millones de apasionados abarrotan los estadios y cientos de miles de individuos ven por televisión la Copa del Planeta. Compare todo lo mencionado con las matemáticas. Las eruditas gacetas académicas yacen sin ser leídas en bibliotecas vacías. La asistencia a los seminarios se disminuye a 2 instructores adormecidos ahora un pequeño conjunto de alumnos desanimados de doctorado. ¿Fútbol y matemáticas? No existe rivalidad viable. Si las matemáticas tengan la posibilidad de desafiar a el fútbol, ​​entonces estaríamos prestos a abonar 40 libras por mes por una suscripción a Sky Mathematics. En vez de pasarnos la noche del miércoles observando la Liga de Vencedores, entraríamos en Khan Academy y repasaríamos las desigualdades lineales. Si las matemáticas tengan la posibilidad de desafiar a el fútbol, ​​pasaríamos las tardes de noviembre sentados en sillas de plástico heladas contemplando de qué forma Marcus du Sautoy rebate en la pizarra ese engreimiento físico de Manchester que hace aparición en televisión. Armamento uno, Oldham Athletic cero. En vez de decir «es un partido en 2 tiempos», afirmaríamos que «hablamos de una división fácil de la unidad intervalo en 2 unas partes de igual medida». En vez de «dio el 110%», el comentarista afirmaría… bueno, afirmaría que «dio el cien%». No es que las matemáticas no hayan tenido su ocasión. Todos estuvimos sentados en la escuela aprendiendo las tablas de multiplicar y cliqueando en números en una calculadora. Todas y cada una estas horas pasadas tratando rememorar si 7 ocasiones 8 son 56 o 54, o si pi es cuadrado o circular. Sabiendo todo este tiempo, y todo el entrenamiento, podría pensarse que todo el planeta se habría dado cuenta si las matemáticas fuesen tan excitantes como el fútbol. Pero semeja que la mayor parte de personas no se deja mentir tan de forma fácil. Posiblemente haya varias personas que gocen con las matemáticas, pero existen muchas, considerablemente más que están locamente enamoradas del fútbol. Yo soy una de aquellas personas que la pasan bien de las matemáticas prácticamente tanto como gozan del fútbol. Soy instructor de matemáticas y paso el día creando y comprendiendo modelos matemáticos. Pero no yo me atrevo a llegar al punto de esperar que las matemáticas logren desafiar a el fútbol. No tienen la posibilidad de. Todas y cada una de las posibilidades están en contra. En ocasiones, en el momento en que miro el fútbol y después bajo la visión en mis libros de matemáticas, comienzo a preguntarme qué hago precisamente con mi vida. Aquí soy yo, un instructor de matemáticas aplicadas. Trabajo en una extensa pluralidad de inconvenientes y también atrayentes con estudiosos de todo el planeta. Tengo la posibilidad de viajar por todo el planeta para enseñar mi trabajo en charlas en sitios exóticos y conocer las universidades mucho más esenciales de todo el mundo. Esto debería equivaler a divertirse por Inglaterra. Pero no es así, y yo sé que no es así. Ser un matemático es respetable, pero no se semeja a tener éxito en el fútbol. Los enormes futbolistas no solo son profesores en técnicas y capacidades, sino asimismo alcanzan un nivel increíble de manera física. Indudablemente, los futbolistas no están gorditos. Por contra, la primera cosa que los miradores de fútbol procuran en un joven es «sabiduría», la aptitud de ver con velocidad lo que ocurre a su alrededor y planear para cualquier situación: algo que los académicos podríamos llamar razonamiento espacial. Los futbolistas tampoco son perezosos. Son individuos muy motivados, centrados y resueltos, que desde muy temprana edad eligieron que deseaban vencer. Se adora a los futbolistas pues verdaderamente han logrado la excelencia. Todos los otros solo tenemos la posibilidad de soñarla. Yo soy del género de personas que no tienen la posibilidad de dejar de soñar. Si bien en este momento tengo 42 años, y con 2 pies izquierdos y solo un interés moderado en ponerme en forma, no puedo dejar de opinar que puedo contribuir al fútbol. Al final de cuenta, planear y razonar asimismo están en la lista de prerrequisitos para el éxito futbolístico, ¿o no? En esto soy bueno. Quizás las matemáticas tienen algo que prestar al fútbol. Y quizá el fútbol tenga algo que sugerir a las matemáticas. Tengo buenas causas para opinar que mi capacidad para hacer modelos, aprendida con enorme esfuerzo, puede ser útil en el final. Los números juegan un papel cada vez más esencial en el fútbol. Clasificaciones de players y equipos, asistencias y tantos, porcentaje de posesión y de pases, continuidad de entradas y también intercepciones son solo unas escasas de las estadísticas que se muestran en los reportes sobre los partidos. «Pizarras» detalladas del ángulo de los córners, de las líneas de pase y mapas de calor posicionales se detallan en las pantallas de los ordenadores de los entrenadores en las asambleas tras el partido. Pero esos números son solo el punto de inicio. Las matemáticas reúnen las estadísticas de una manera que nos deja ver qué pasa. En el momento en que contamos los números, las matemáticas proponen su interpretación. Hay toda una sucesión de cuestiones futbolísticas que tienen la posibilidad de responderse usando las matemáticas. ¿Cuál es la posibilidad de marcar un gol en los 2 últimos minutos de una final de la Liga de Vencedores? Por más que comenten los seguidores del Real La capital española, es una cuestión relacionada con la naturaleza del azar puro. ¿Por qué razón es tan efectivo el tíquet del Barcelona? Es una cuestión de geometría y activa. ¿Por qué razón se dan tres puntos por una victoria en los partidos ligueros? En un caso así, es un tema de la teoría de juego y de incentivos. ¿Quién es preferible, Messi o Ronaldo? Es una cuestión de enormes desviaciones estadísticas. ¿Qué los mapas de calor y las estadísticas de pases nos comentan verdaderamente sobre el juego? Esta es una cuestión de big data y de sistemas en red. ¿De qué manera posiblemente los corredores de apuestas logren enseñar unas promociones tan interesantes? Esta es una cuestión de posibilidades combinatorias y psicología. ¿Y por qué razón es tan bien difícil ganar en estas situaciones? Es una cuestión de sabiduría colectiva y medias. En este libro responderé a todas y cada una estas cuestiones y considerablemente más, pero mi ambición va considerablemente más allí. Con Fútbol y matemáticas no pretendo sencillamente proporcionarte ciertos hechos matemáticos relacionados con el fútbol que consigas contar a los amigos en el bar, sino hablamos de mudar tu forma de ver tanto las matemáticas como el fútbol. Pienso que los dos tienen bastante que ofrecerse el uno al otro y, si bien las matemáticas no tienen la posibilidad de desafiar a el fútbol, ​​tienen la posibilidad de estudiar muy mutuamente. Los mates se tienen la posibilidad de usar para argumentar el fútbol, ​​y el fútbol asiste para argumentar matemáticas. El fútbol y los mates parten desde exactamente el mismo punto. El fútbol una parte de las «leyes del juego», las reglas establecidas por la Federación En todo el mundo de Fútbol Asociación. Lo que los entrenadores de fútbol tienen que solucionar es el inconveniente de de qué forma hallar que su aparato gane en los límites establecidos por las reglas. Las matemáticas tienen su grupo de reglas, que los matemáticos tienen que utilizar para hallar las respuestas adecuadas a las cuestiones que se sugieren. Al proseguir las reglas citadas, y con algo de inspiración, tanto los futbolistas como los matemáticos procuran hallar su propósito. El entrenamiento y las matemáticas empiezan con la teoría. Pero las reglas del juego no son todo. El entrenador debe argumentar la relevancia de que cada jugador sostenga su situación, pero si el defensa central hurta el balón en su campo, corre con seguridad hacia la portería contraria y la mete por la escuadra, no Louis Van Gaal va a poder quejarse. La mayor parte de nosotros no poseemos inconvenientes para admitir que lo que pasa en la práctica es muy distinta a eso que la teoría afirma que debería acontecer. Si todo el planeta se detuviese en la teoría, entonces los partidos de fútbol —y la vida generalmente— serían muy desanimados. Lo mismo se utiliza para las matemáticas. Naturalmente, en el momento en que revela una teoría matemática, su verdad no cambia transcurrido un tiempo. El teorema de Pitágoras nos enseña la relación entre la longitud de los lados de un triángulo rectángulo, y esta relación es permanente. Pero el planeta real no está hecho de triángulos excelentes, y en el momento en que las matemáticas están con el planeta real puede suceder cualquier cosa. A veces nuestro modelo matemático de todo el mundo real es acertado, pero en otras ocasiones es erróneo. En ocasiones, como los entrenadores de fútbol, ​​realizamos un concepto teorética realmente bonita, solo para poder ver de qué manera nuestras visualizaciones van volando en una dirección absolutamente diferente. La puesta en práctica de las matemáticas es tan esencial como el saber de los datos precisos de la teoría. Esta combinación de teoría y práctica es lo que provoca que el fútbol sea el deporte que amamos. Puedes regatear como Messi o tocarla como Beckham, pero si el aparato no posee composición, jamás vas a tener la posibilidad de probar tus capacidades. Puedes cantar con orgullo y sentimiento el himno del país, pero 30 minutos después conocer que pierdes por 5-0 en frente de una Alemania bien estructurada. Y puedes entender todas y cada una de las formaciones del manual, pero sin las horas de práctica en el patio de la escuela y en el campo de entrenamiento, no lograrás controlar el toque que precisas para vencer. El fútbol es mucho más que la táctica, es mucho más que el dominio de la pelota y es mucho más que la sensación de ganar. Al tiempo que cualquier aficionado al fútbol sabe que la teoría y la táctica solo son una pequeña una parte del fútbol, ​​esta iniciativa es bastante menos famosa en su app a las matemáticas. Oímos charlar de individuos como Andrew Wiles, que se encerró en su oficina de Princeton para salir siete años después con una prueba del último teorema de Fermat. Las películas detallan a los matemáticos como pequeños prodigio, instructores cubiertos de yeso o genios bien difíciles sin amigos. Se nos comunica que las matemáticas son una partida de ajedrez complicada, que no deja de superar y que tienes que estudiar a lo largo de años para estudiar las reglas. Hablamos de prácticamente todo lo contrario al planeta fanático del fútbol. De manera frecuente se admira bastante a las matemáticas por su pureza y los matemáticos por su dedicación, pero no por su carácter impulsivo y su imaginación. Por realmente bonitas que logren ser las matemáticas puras, este no es el género de matemáticas que me emociona. Siempre y en todo momento he tenido por propósito la utilización de los mates en sitios poco comunes. He empleado redes para cartografiar extensiones urbanas, redes ferroviarias y vecindarios segregados. Veo ecuaciones al continuar la mirada de los pasajeros del transporte urbano, de qué manera los alumnos aplauden tras ayudar a una presentación y de qué forma los apasionados al heavy-metal brincan a la pista. He desarrollado modelos sobre el movimiento de los peces entre el coral en el arrecife de la Enorme Barrera, el cambio democrático en Oriente Medio, el movimiento de las hormigas cortadoras de hojas cubanas, nubes de langostas atravesando el Sáhara, patologías que se alargan en recónditas aldeas ugandesas, la toma de resoluciones políticas por la parte de los políticos de europa, el baile de las abejas melíferas en Sydney, inversores bursátiles americanos y las construcciones tubulares construidas por un moho del cien japonés. Para mí no hay límites para los modelos matemáticos. Todo se puede y debe fijarse en un modelo. Muy al comienzo de mi carrera me percaté de que era diferente a varios de mis colegas matemáticos, que se especializaban en ecuaciones concretas y en áreas de app acotadas. Yo deseaba ocuparme de los datos y trabajar con biólogos y sociólogos. Me agrada la hermosura abstracta de las ecuaciones, pero las fórmulas no tienen concepto hasta el momento en que dicen nada sobre la verdad. Conque, al tiempo que la mayoría del día la paso sentado en oposición al computador o esbozando ideas en una pizarra, en ocasiones se me puede localizar creando una pista de carreras para langostas, comentando con ministros sobre de qué forma enfrentar inconvenientes sociales, deambulando por el bosque contando hormigas, o entregando tabletas en una clase de principal para lograr estudiar de qué manera juegan a juegos matemáticos entretenidos. No dejo que sea solo la lógica la que me indique qué inconvenientes estudiar, sino dejo que me influyan mis conmuevas, mis sentimientos y mi sentido del humor. Juego con las matemáticas lo mismo que juego a fútbol, ​​pero bastante superior. Siempre y en todo momento hubo un razonamiento unificador tras mis proyectos, supuestamente desconectados. Creo que diferentes unas partes del planeta están similares entre sí y utilizo las matemáticas para hacer vínculos entre sí. Utilizo unas matemáticas que no tienen temor de mancharse, de mudar de táctica en el reposo o de implicar a players de todas y cada una de las procedencias y de todo el planeta en un partido enorme. Hablamos de unas matemáticas que quieren divertir al unísono que impresionar, y nos ponemos contentos por el aparato tanto como por el sujeto. Este es el enfoque que proporciona Fútbol y matemáticas.

El lote de juego

Para finalizar, el lote de juego, desde su creación, está empapado de teoría matemáticas. El campo de fútbol está trazado con figuras geométricas llanas, que tiene una función concreta (6):

  • Dejar que los contrincantes tengan exactamente las mismas ocasiones de ganar.
  • La circunferencia al centro deja a los players al comenzar o reanudar el juego, tener por lo menos la distancia del radio en el que los players del aparato contrincante logren ingresar en el altercado antes que la pelota sea puesta en juego.
  • El área de misión establece el sitio donde se puede poner la pelota para el saque de misión.
  • Entre otros muchos.

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