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La Navidad, siempre y en todo momento muy que se encuentra en la literatura, ha inspirado cuentos espléndidos, y muchos son los escritores, los enormes escritores, que se han acercado desde distintas perspectivas. Indudablemente el primer cuento que la trató es del pensador neoplatónico Celsio, que en el siglo II, en el momento en que los cristianos comenzaban a festejar el nacimiento de Cristo, escribió una versión del hecho sagrado donde Cristo nace en Judea y es hijo de una campesina infiel y un soldado de roma llamado Pantero. No obstante, esta antología una parte de una tradición muy posterior y indudablemente menos «apócrifa», mucho más relacionada a eso que la Navidad prosigue significando el día de hoy en el imaginario de Occidente. Hemos intentado reflejar la alegría, el sentido de red social, la excitación espiritual, la melancolia e inclusive el rechazo a que estas datas despiertan en varios de nosotros, sin desatender, por el hecho de que es característica y auténtica, su parte mucho más sensiblera. Es cierto que ciertos cuentos tienen finalidad moralizante y exhortan los buenos sentimientos, pero asimismo hemos comprobado que la Navidad inspira una pluralidad asombroso de estilos y de tonos, y aquí no faltan ni el humor, ni la lobreguez, ni la crítica popular, ni la fantasía, ni lo mucho más horrible. Los treinta y ocho cuentos elegidos engloban 2 siglos de literatura navideña y proceden de distintas tradiciones occidentales (anglosajona, germánica, norteña, mediterránea, eslava). Entre ellos vamos a encontrar tradicionales, como Canción de Navidad de Dickens o La pequeña de los fósforos de Andersen, al lado de piezas nuevas o poquísimo conocidas. El volumen, ordenado cronológicamente desde la fecha de publicación (salvo el segundo cuento de Dickens, como se apunta en el final de la nota biográfica pertinente), comienza a inicios del siglo XIX, en el momento en que la Navidad se afianza como la celebración que el día de hoy conocemos. Comencemos exactamente con un cuento de los hermanos Grimm, que, si bien no es de temática navideña, pasó a la tradición pues pertence a los mucho más leídos en Navidad en Alemania. No es el único caso en esta antología: en el final de Bajo el abeto, el poema que incluye Theodor Storm destinado a Ruprecht, el ayudante de san Nicolás, asimismo llegó a hacerse tan habitual que actualmente prosigue al de el país recitándose en Adviento. La relación entre el relato navideño y el folclore fué, por otro lado, bien aprovechada por múltiples autores, como aquí ejemplarizan Zacharias Topelius o Alphonse Daudet en sus respectivas piezas. Varios de los temas tradicionales del género navideño son, raramente, precedentes a su «espíritu»: es atrayente ver de qué forma, en el segundo cuento de nuestra antología, anunciado en 1815, Y también. T. A. Hoffmann ambienta en la noche «mágica» de San Silvestre una historia de transformación que después va a ser una incesante del género, pero que aquí es todavía muy extraña a su sentimentalismo ahora su moralidad.

paisaje

Las historias de transformación (más que nada ética) van a ser después, y la mayoria de las veces con alguna forma de magia (material, espiritual), muy representativas de la visión de la Navidad como una ocasión para reconsiderar y rehacer la vida, una ocasión particular para mudar. En el planeta anglosajón, el éxito inmediato de «Canción de Navidad» de Converses Dickens, en 1843, tuvo un papel primordial en la reinvención de un espíritu navideño que la Reforma protestante y los puritanos habían culpado. Tras difundir este relato, la Navidad pareció transformarse en una celebración mucho más familiar que religiosa; y indudablemente el tono jubiloso –que invita a la generosidad, demanda el sistema de clases, canta el cariño y la amistad– alumbró una temporada donde la celebración era obscura y poco caritativa. Para Dickens, las datas navideñas serían siempre y en todo momento el instante de la hospitalidad y la tolerancia, la ocasión tanto para dar de comer un deseo (que en ocasiones no se conoce que lo tiene) para bucear en los recuerdos, sin lamentarse por los sueños que no se han cumplido, y llevando «junto a nosotros a quienes deseamos» y que en este momento habitan en «la localidad de los fallecidos», como afirma en «Navidad en el momento en que dejamos de ser pequeños», uno artículo que no se ha incluido en esta antología pero que de manera perfecta podría estar ahí. Al popularizarse las prácticas de reunirse con la familia, canjear regalos, festejar fiestas y comidas destacables, redactar tarjetas de felicitación, cantar villancicos, ornamentar la vivienda con candelas, guirnaldas, abetos y belenes, se abrió un microcosmos que enseguida tentó la literatura costumbrista y verdadera, proveyéndola de una exclusiva fuente de capítulos y «cuadros» que podían orientarse en las direcciones mucho más diferentes; pero por otro lado, y siguiendo el ejemplo de Dickens, no se olvidó que el poder vivificador de aquellas fiestas se aliaba de manera fácil con lo fabuloso y sobrehumano. La pluralidad de niveles, una vez implementado el género y el sentido asociado a él, es colosal: de Berlín a Brooklyn, de un pueblecito sardo a un rancho del Oeste lejano, de la Provenza a Novedosa Zelanda, de un aristocrático salón en un pueblo de mineros, de Dublín a un cohete espacial… En todos estos sitios observaremos festejar la Nochebuena, la Navidad, el día de San Esteban, el Año Nuevo o la noche de Reyes, y en todos ellos va a pasar algo que ilustre el clásico espíritu navideño… o lo desmiente. Esta última orientación es esencial y se convirtió, como hemos intentado reflejar en nuestra selección, entre las variaciones especificaciones del género, donde la Navidad se distancia cruelmente del espíritu de red social que se piensa que debería promover y es de forma frecuente un marco de profundo contraste, ocasión desgraciadamente favorece para el mal, las tentaciones demoníacas, la ruindad, la crueldad, la guerra y la desaparición, en ocasiones en las peores condiciones imaginables. El sentido espiritual está muy que se encuentra en cuentos como el de Zacharias Topelius, que trata de reconciliar ámbas tradiciones pagana y cristiana, el de Dino Buzzati, que alterna lo devoto y absurdo, o el de Emilia Pardo Bazán, que vuelve a construir la narración de la adoración de los Reyes Magos; y, en un orden mucho más terrenal, Alphonse Daudet, Léon Bloy y Ramon Maria del Valle-Inclán nos charlan, no sin ironía, de las prácticas del clero. Pero hay cuentos en los que la Navidad está totalmente secularizada y no es mucho más que un mero deber popular donde se forjan o afianzan acuerdos mundanos (Dostoyevski), o donde se remueven anécdotas y capítulos que afectan puramente a la vida íntima o personal («Los fallecidos » de Joyce): de ahí que, a propósito, que figuren asimismo en este volumen múltiples cuentos de profundo lirismo, como los de Luigi Pirandello y Dylan Thomas. Pero en Navidad de Saki, por poner un ejemplo, mucho más que un deber, las fiestas navideñas son ahora de manera directa un estorbo

Y también.T.A. Hoffmann. La aventura de la noche de San Silvestre (Spanish Edition)

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original: Die Abenteuer der Silvester-Nacht Страна / País: Германия / Alemania Язык этой книги / Libros de lenguajes: испанский /Español Апубліковано/ Anunciado: 1815 tixagb_3)

La hermana de Mustafá es raptada por unos piratas, comenzando de esta forma una secuencia de aventuras que le van a llevar hasta la vieja localidad de Adalia. Por el sendero conoce a Orbasán, que le va a ayudar en pos de su hermana.

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