descargar gratis las aventuras de los cinco se escapan epub

Jorge y su perro Tim, fueron a pasar las fiestas de Navidad con sus primos, pero la madre de Julián, Dick y Ana, ha enfermado de escarlatina y los cinco se van a Kirrin a fin de que la madre de los tres pequeños logre efectuar el reposo preciso. Los chicos llegan completamente contentos a Villa Kirrin, pero su contento queda oscurecido por la presencia del señor Roland, un tutor que los progenitores de Jorge han contratado a fin de que dé clases a Julián, Dick y Jorge. La pobre Anna es la única que no se observa obligada a ofrecer clases, pero se aburre formidablemente en soledad a lo largo de las clases de sus hermanos y prima. Las cosas comenzarán a complicarse en el momento en que el señor Roland muestre su descontento hacia Tim y, consecuentemente, Jorge realice lo mismo con él. Considerablemente más sabiendo que a el resto les cae bastante bien el tutor. Una visita a la granja Kirrin añade emoción a las vacaciones al localizar un chato viejo con la oración latina VIA OCCULTA. Además de esto, en Villa Kirrin empiezan a ocurrir hechos enigmáticos a lo largo de la noche. ¿Es el señor Roland maligno o se confunde Jordi? ¿Quiénes son los huéspedes de la granja Kirrin?

Hacía falta solo una semana para la Navidad y las pupilas del instituto « Gaylands» estaban sentadas cerca de la mesa del desayuno uno, charlando y realizando proyectos para las próximas vacaciones. Anna se sentó en la mesa y abrió el sobre de una carta recién recibida. —¡Mira esto! —le ha dicho a su prima Jorgina, que se encontraba sentada a su lado—. Es una carta de papá, y eso que ayer él y mamá me escribieron otra. —Quisiera que no lleve malas novedades —ha dicho Jordi. La prima no aceptaba de ninguna manera que llamasen Jorgina, hasta el punto, que nuestra maestra la llamaba Jorge. De todos modos, parecía un chaval, con su pelo cortito y rizado y sus poses algo masculinos. Miró ansiosamente a Ana mientras que esta iba leyendo la carta. —¡Oh, Jordi, no vamos a poder pasar las vacaciones en mi casa! —ha dicho Anna, con lágrimas en los ojos—. Mamá está enferma de escarlatina y papá se teme que logre contagiarnos. ¡Qué novedad mucho más desapacible! —¡Oh, cuánto lo lamento! —ha dicho Jordi. Se sentía tan defraudada como Ana, por el hecho de que la madre de esta le había invitado a ella ahora su perro Timoteo a pasar la Navidad en su casa, y le había prometido llevarla a sitios donde jamás había estado, como el circo y el teatro de polichinelas y, además de esto, había ordenado una velada espléndida cerca de un fabuloso árbol navideño. Sus ilusiones se habían desvanecido de pronto. —Alguno se lo afirma a los chicos —ha dicho Anna pensando en Julián y Dick, sus 2 hermanos—. Tan ilusionados como estaban con estas vacaciones. —¿Qué piensa llevar a cabo, ya que? —preguntó Jordi—. ¿No podría venir a mi casa? Estoy segura de que a mi madre le agradará regresar a veros. Almacena buen recuerdo de las vacaciones que pasó allí el último verano. —Espera un instante: deja que finalice de leer la carta, a conocer qué afirma papá —ha dicho Anna volviendo a coger el papel—. ¡Pobre madre! ¡Esperemos no esté muy grave! Leyó algo mucho más, y de súbito lanzó una exclamación de alegría. El resto chicas de su alrededor aguardaban intranquilices a que les contara lo que afirmaba la carta. —¡Jorge! ¡Vamos a pasar la Navidad en tu casa! Pero ¡caram!, fíjate. ¡Nos van a poner un preceptor! En parte, por el hecho de que no molestamos bastante a tu madre, y, por otro lado, «por el hecho de que Julián y Dick estuvieron enfermos los dos esta temporada y están retrasados ​​en sus estudios» . —¡Un preceptor! ¡Qué íra! ¡Apuesto que nos va a hacer estudiar lo mismo que en la escuela! —ha dicho Jordi, abatida—. No hay duda de que en el momento en que mis progenitores lean las notas que me dieron creerán que estoy muy retrasada. Al final de cuenta, esta es la primera oportunidad que voy a una escuela y me faltan varias cosas por estudiar todavía. —Qué vacaciones mucho más horripilantes vamos a pasar teniendo con nosotros un preceptor en todo momento —ha dicho Anna lúgubremente—. Yo quisiera que mis notas sean buenas, pues los exámenes les he hecho bien. Pero no me resultará nada satisfactorio tener que estar sin llevar a cabo nada mientras que usted da sus enseñanzas. Si bien, como es natural, podré distraerme jugando con Timoteo. ¡Sospecho que no desearán que él asimismo dé clases! —¡Ya que le agradaría a él! —ha dicho Jordi velozmente. No podía hacerse a la iniciativa de que su perro adulado se pasara las vacaciones divirtiéndose con Ana mientras que ella, Julián y Dick se dedicaban a estudiar y ofrecer clases. —Timoteo no puede ofrecer clases, Jordi. No seas imbécil. —Por lo menos va a poder sentarme a mis pies mientras que yo las doy —ha dicho Jordi—. Va a ser para mí un enorme consuelo poseerlo conmigo. Por Dios, Anna, ahora termina de comerte las salchichas. Todas y cada una hemos terminado y en el desayuno y la campana está a puntito de sonar. Te vas a quedar en ayunas. —Si bien lo de la madre no es grave —ha dicho Anna ley yendo velozmente el objetivo de la carta—. Afirma el padre que escribió asimismo Julián y Dick, y, naturalmente, tu padre, para encargarle que nos busque un preceptor. Oh, ¿no es desapacible? No deseo decir que no me agrade regresar a Villa Kirrin y regresar a conocer la isla, pero al final de cuenta no hay teatros, ni circos, ni fiestas. El tiempo pasó rapidísimo. Ana y Jorge se dedicaron a elaborar las maletas y etiquetarlas, gozando del tumulto de los últimos días de instituto. Al fin el gran autobus escolar paró en frente de la puerta y las chicas montaron allí. —¡Otra vez en Kirrin! —exclamó Anna—. Sube, Timoteo, bello. Sede entre Jordi y yo. En la escuela Gay lands dejaban a los estudiantes tener a lo largo del curso a sus animales preferidos. Tim, el enorme perro de Jorge, de raza mezclada, había tenido buenísima acogida. Salvo cuando, en una distracción de la basura, cogió el cubo de la basura y la arrastró por todo el instituto hasta meterse en medio de una clase de Jordi, su accionar había sido ejemplar. —Estoy segura de que te habrán dado excelentes notas, Tim —ha dicho Jordi abrazando a su adulado cánido—. En este momento nos marchamos otra vez a casa. ¿Andas contento? —¡Gua! —ladró Tim con voz profunda. Comenzó a desplazar la cola. En ese instante se escuchó una exclamación que procedía del taburete trasero. —¡Jorge! Dile a Tim que se siente de una vez. ¡Me está despeinando con la cola! No bastante después, ámbas chicas estaban en Londres, prestas a tomar el tren que debía llevarlas a Kirrin. —Como me agradaría que a mis hermanos les hubiesen dado las vacaciones el día de hoy asimismo —suspiró Anna—. Qué bien estaría que llegásemos a Kirrin todos juntos. Pero los dos chicos no estuvieron libres hasta el día después. Anna se encontraba deseosa de regresar a observarlos. La temporada de instituto le había tenido alejada bastante tiempo. Menos mal que por lo menos no se había separado de Jordi. Ella y sus hermanos habían pasado el último verano en la casa de la prima Jorge y juntos habían gozado de una aventura realmente excepcional en la pequeña isla que se encontraba cerca de la costa. En esta isla había un viejo castillo, en cuyos sótanos los chicos habían hecho espectaculares descubrimientos. —De qué forma me agradará regresar a la isla —comentó Ana en el momento en que el tren ahora se encontraba cerca de Kirrin. —No pienso que tengamos la posibilidad ir —ha dicho Jordi—. El mar está muy movido en invierno por la parte que circunda la isla. Sería peligrosísimo procurar la travesía. —¡Oh, qué lástima! —exclamó Anna, defraudada—. Me había hecho la ilusión de que nos pasaran novedosas aventuras allí. —En invierno no tienen la posibilidad de pasar aventuras, cuando menos en Kirrin —ha dicho Jordi—. Hace bastante frío, ahora ocasiones la nieve inhabilita la vivienda y no tenemos la posibilidad de no ir al pueblo. El viento y la nieve nos previenen el paso. —¡Oh, esto va a ser bien interesante! —ha dicho Anna. —No lo creas: no es nada entretenido, verdaderamente —ha dicho Jordi—. Es la mar de poco entretenido. Todo cuanto se puede llevar a cabo es pasarse el día en el hogar sentada y ocasionalmente tomar una pala y separar un tanto la nieve de la puerta. Aún pasó cierto tiempo antes que el tren va a llegar a la estación donde debían descender. Pero, al fin, comenzó a menguar la marcha la locomotora, devolviendo vapor mientras que lograba el pequeño andén. Ámbas chicas se levantaron de manera rápida de los asientos y comenzaron a escudriñar a conocer si alguien había ido a esperarlas. Ciertamente, allí se encontraba la madre de Jordi. —¡Hola, Jorge querida! ¡Hola, Anna! —ha dicho la señora Kirrin, mientras que abrazaba a las dos—. Anna, siento bastante el percance de tu madre, pero alégrate: está ahora bastante superior, me acabo de enterar. —¡Oh, qué bien! —ha dicho Anna—. Tía Fanny: vas a ver de qué forma te agradará que pasemos aquí las vacaciones. Nos vamos a llevar de lo destacado. ¿Y tío Quintín? ¿De qué manera se tomó esto que pasamos los 4 otra vez las vacaciones en su casa? Ahora vas a ver de qué forma no vamos a dar la lata tan con frecuencia como en verano. El padre de Jorge era un hombre de ciencia, muy capaz pero de carácter horrible. Tenía muy poca paciencia con los pequeños y los 4 habían recibido mucho más de una fuerte reprimenda el pasado verano. —Oh, tu tío prosigue haciendo un trabajo duro —respondió la tía Fanny—. Es que descubrió una exclusiva fórmula, algo misterio, y la desea contar en su libro. Afirma que en el momento en que haya terminado el trabajo le va a llevar a examinarlo un especialista en la materia y, si tiene aceptación, va a ser de enorme herramienta para el país. —Oh, tía Fanny, esto suena algo atrayente —ha dicho Anna—. ¿Cuál es el misterio? —No te lo puedo mencionar de ningún modo, tontina —ha dicho Fanny—. Yo misma no tengo la menor iniciativa de lo que radica. Nosotros ahora, que aquí hace bastante frío para estarnos quietas parado. Tim tiene buen aspecto, Jorge querida. —Oh, mamá, se lo pasó realmente bien en la escuela —ha dicho Jordi—. Verdaderamente lo pasó realmente bien. Una vez deseaba comerse las zapatillas del cocinero… —Y asimismo se ha destinado a perseguir al gato que vive en el establo. —Y una vez se metió en la despensa de la cocina y tragó una tarta de carne —ha dicho Jordi—. Y además de esto… —¡Por Dios bendito, Jorge! ¡Seguramente no volverán a aceptarlo en la escuela! —exclamó la madre, aterrada—. ¿No lo han castigado? Quisiera que sea de este modo. —No, no le castigaron —ha dicho Jordi—. Como sabes, nosotros somos causantes del accionar de los animales que disponemos. Y toda vez que Tim logró algo malo me castigaron a mí, por no poseerlo bien domesticado o algo similar. —Sospecho que te habrán castigado un montón de ocasiones, entonces —ha dicho su madre, mientras que atizaba con las bridas el caballete que llevaba la tartana en todo el sendero—. En verdad, acabo de tener una gran idea. Mientras que iba comentando, sus ojos comenzaron a relucir de manera inusitado. —Pienso que voy a hacer contigo lo mismo que hicieron en la escuela: castigarte en el momento en que Tim lleve a cabo entre las suyas. Las chicas se echaron a reír. Estaban, en verdad, muy contentas. Las vacaciones resultarían estupendas. Era algo magnífico proceder a Kirrin. ¡Al día después llegarían los chicos y entonces sí que pasarían bien las Navidades! —¡Viva «Villa Kirrin»! —exclamó Anna en el momento en que la pequeña y vieja mansión apareció en frente de su vista—. ¡Oh, fíjate, la isla Kirrin otra vez! Las dos chicas dirigieron su vista al mar, donde se resaltaba la isla y el castillo, recordando la excelente aventura que habían corrido en el último verano. Al fin llegaron a la vivienda. —¡Quintí! —chilló la madre de Jorge—. ¡Quintin! ¡Las chicas ahora están aquí! Tío Quintín salió de su despacho y se dirigió al vestíbulo. A Ana le pareció aún mucho más prominente y sombrío que de práctica. «¡Está mucho más ceñido que jamás!» , se ha dicho a sí. Tío Quintín podía ser realmente capaz; pero ella prefería hombres alegres y festivos como su padre. Le dio cortésmente la mano a su tío y vio de qué manera Jordi le daba un beso. —Bien —ha dicho el tío Quintí dirigiéndose a Anna—. Como sabéis, le traeremos un preceptor para estas vacaciones. Sospecho que va a estar preparada para actuar con él como es debido. Lo había dicho en tono mucho más bien jocoso, pero Anna y Jordi no estaban contentas. La gente con las que había que actuar con toda corrección y respeto acostumbraban a ser serias, severas y repulsivas. Las chicas se alegraron en el momento en que el padre de Jorge regresó a su despacho. —Tu padre estuvo haciendo un trabajo recientemente una enormidad —le ha dicho a Jorge su madre—. Está algo fatigado. Menos mal que está a puntito de finalizar el libro. Él tenía la iniciativa de finalizarlo antes de Navidad y pasar las fiestas con nosotros para reposar, pero en este momento afirma que no va a poder ser. —¡Qué lástima! —ha dicho Anna para quedar bien, pero en su fuero interior se había llevado una enorme alegría. No habría sido muy distraído para ella pasar la Navidad oyendo charlar de cosas científicas, a las que era muy aficionado su tío. —¡Oh, tía Fanny, deseo regresar a conocer a Julián y Dick! Estoy segura de que ellos asimismo están deseoso por ver Jorge y Tim! Tía Fanny: en la escuela absolutamente nadie afirmaba Jorgina Jorge, no la maestra. Yo tenía ganas de que alguien le llamara Jorgina: me hubiese dado gusto ver de qué forma reaccionaba. Jorge: ¿verdad que lo pasaste bien en la escuela? —Sí —contesto Jordi—. Cierto. Yo había creído que lo pasaría muy molesto entre tantas chicas, pero, no obstante, me ha dado gusto. Madre: estoy atemorizada pensando en lo que dirás en el momento en que leas mis notas. Ten presente que todavía me faltan varias cosas por estudiar. —Sí, ahora sé que es la primera oportunidad que vas a una escuela —ha dicho su madre—. Se lo voy a explicar de esta manera a tu padre a fin de que no se enfade. En resumen, va a ser mejor que nos hayamos ido ahora tomar el té. Es tarde. Ha de estar hambrientas. Un rato después, las chicas subían por la escalera que conducía al piso donde se encontraba el dormitorio. —¡Qué contenta estoy de no pasar sola las vacaciones! —exclamó Jordi—. Desde el instante en que viniste este verano me he aficionado a tener compañía. ¡Eh, Tim! ¿Dónde te has metido? —Seguramente se fué a olfatear todos y cada uno de los rincones para persuadirse de que esta es su casa —ha dicho Anna riendo—. Deseará revisar que la cocina prosigue oliendo igual, de la misma el baño y su perrera. La emoción de regresar a casa le afectó tanto como nosotros. Ana llevaba razón. Timoteo se encontraba embargado por la emoción del regreso. Comenzó a ofrecer vueltas cerca de la madre de Jorge, oliendo sus piernas amistosamente, encantado de volverla a conocer. Entonces corrió a la cocina, pero no tardó en regresar, abatido. Había alguien nuevo: Juana, la chef, una obesa y jadeante señora, que le había lanzado una observación llena de desconfianza. —Vas a poder ingresar en la cocina solo una vez cada día, para comer —ha dicho Joana—. Pero solamente. No estoy preparada para que comiencen a desaparecerme frente mis narices la carne, los pollos o las salchichas. Te conozco: sé qué género de perro eres. Timoteo, a la visión del inapropiado recibimiento, arrancó a correr hacia el fregadero y, una vez en ella, comenzó a olerlo al por menor. Entonces se dirigió al comedor y después al gabinete, quedando muy satisfecho al revisar que todo olía igual que antes de su partida. Aplicó las narices en la puerta del despacho donde trabajaba el padre de Jorge, pero en esta ocasión huele con determinada precaución. No tenía intención de introducirse. Timoteo adoptaba con el padre de Jorge exactamente las mismas cautelas que los chicos. Se encontraba tan escarmentado como ellos. Entonces corrió escaleras arriba hasta el dormitorio de las chicas. ¿Dónde se encontraba la cesta? Ah, allí bajo la ventana. ¡Fabuloso! Esto deseaba decir que él dormiría, como siempre y en todo momento, en el dormitorio de las chicas. Se metió en la cesta, enroscándose con toda tranquilidad, mientras que movía expresivamente la cola. ¡Qué magnífico estar de vuelta! ¡Era fabuloso! Capítulo 2 Todos juntos otra vez Los chicos llegaron al día después. Ana, Jorge y Tim fueron a esperarles a la estación. Jorge conducía la tartana con Timoteo sentado tras ella. En el momento en que llegó el tren, Anna no tuvo paciencia para aguardar a que se detuviese totalmente. Arrancó a correr por el andén, intentando encontrar a Julián y Dick por todos y cada uno de los furgones que pasaban frente su vista. Al fin les vio. Estaban asomados a una ventanilla del último vagón, chillando y gesticulando. —¡Ana, Anna! ¡Nos encontramos aquí! ¡Hola, Jordi! ¡Oh, fíjate, allí está Tim! —¡Juliano! ¡Dick! —chilló Anna. Timoteo comenzó a ladrar ahora ofrecer saltos. Se encontraba muy feliz. —¡Oh, Julián, qué alegría regresar a conocer a los 2! —ha dicho Anna dando un abrazo a cada uno de ellos. Timoteo, de un salto, se abalanzó sobre los chicos y comenzó a chupetearlos. Se encontraba de enorme manera satisfecho. En este momento disfrutaría de la compañía de todos ellos, y eso era lo que mucho más le agradaba. Los tres chicos charlaban estrujadamente mientras que un usado iba sacando el equipaje. Ana se acordó de pronto de Jorge. No la veía en ninguna parte, si bien la había acompañado hasta el andén. —¿Dónde se encuentra Jordi? —preguntó Julià—. En el momento en que el tren iba parando la vi aquí desde la ventanilla. —Va a haber regresado a la tartana —ha dicho Anna—. Dile al usado que se apresure a sacar el equipaje, Julián. ¡Vamos ahora! Deseo ir a conocer lo que hace Jordi. Jorge se encontraba quieta, parado, con el codo apoyado en el caballete de la tartana y la mano en la frente. Tenía cierto aire de melancolía, según pensó Anna. Los chicos se le aproximaron. —¡Hola, Jorge, vieja amiga! —chilló Julián dándole un abrazo. Dick logró lo mismo. —¿Qué te sucede? —preguntó Anna, al notar que Jorge no pronunciaba palabra. —¡Semeja que está muy enojada! —ha dicho Julián realizando una mueca burlón—. ¡Animo, Jorgina! —¡No me llames Jorgina! —ha dicho la muchacha ferozmente. Los chicos se echaron a reír. —Ah, fabuloso, está llevada a cabo exactamente la misma hierita de siempre y en todo momento —ha dicho Dick dando a su prima un amistoso vistazo en el hombro—. Oh, Jordi, qué alegría regresar a verte. ¿Recuerdas de las increibles aventuras de este verano? Jorge comenzó a meditar que se había llevado un tanto arisco. Cierto que se había enfadado un tanto al notar la espléndida bienvenida que Julián y Dick habían dispensado a su hermana, pero los enojos no podían perdurar bastante con sus simpáticos primos. Con ellos absolutamente nadie podía jamás sentirse insultado o resentido. Los 4 chicos montaron en la tartana. El usado de la estación había metido las dos maletas. Solamente quedaba ubicación para ellos. Timoteo se sentó sobre el equipaje, moviendo la cola a alta velocidad y con la lengua fuera, puesto que se encontraba jadeando de felicidad. —Chicas, sí tenéis suerte al poder llevarle a Timoteo a la escuela —ha dicho Dick dándole a la gran casa una cariñosa palmadita—. A lo nuestro no nos dejarían llevarlo a cabo. Hay que ver que mis compañeros lo pasan mal en el momento en que se llevan a la escuela animales de quienes no desean separarse. —El hijo del señor Thompson tenía una rata blanca —ha dicho Julián—. Y una vez se le escapó y arrancó a correr por el pasillo hasta chocar con una maestra. Ella salió huyendo dando gigantes chillidos. Las chicas se echaron a reír. Los chicos tenían siempre y en todo momento cosas amenas que contar cuándo volvían a casa. —Y Kennedy se llevó caracoles a la escuela —ha dicho Dick—. Ahora sabéis que los caracoles duermen a lo largo de todo el invierno, pues hace bastante frío. Pero Kennedy les intentó una caja muy calentita, y, una vez, comenzaron a subir por los bordes y escaparon varios. No podéis imaginar de qué forma reíamos en el momento en que Thompson, el instructor de Geografía, nos señaló con el puntero donde se encontraba la Localidad del Cabo, en el mapa, y hemos visto que exactamente en el mismo sitio se había instalado entre los tornillos de Kennedy. Todos volvieron a reír. Era exquisito estar juntos otra vez. Tenían una edad similar: Julián, 12 años; Jorge y Dick, once, y Ana, diez. La visión de pasar juntos las vacaciones navideñas era extraordinaria. ¡No era extraño que se rieran por cualquier cosa, aun por el chiste o la broma mucho más fácil! —Qué bien que mamá esté ahora prácticamente curada, ¿no? —ha dicho Dick mientras que el caballete que estiraba la tartana emprendía un trote alegre por el sendero—. Me disgusté bastante en el momento en que supe que no podíamos proceder a casa, deseo decir, que no podría ver a Aladino y su luz, ni ir al circo y otros sitios, pero, de cualquier manera, estoy contentísimo de regresar a Villa Kirrin » . No sabe las ganas que debo nos pasen novedosas aventuras. Pero sospecho que en esta ocasión no va a ser como verano. No pienso que ocurra nada especial. —Estas vacaciones vamos a tener un molesto obstáculo para pasarlo bien —ha dicho Julián—. Me refiero al preceptor. Con lo que he oído, nos lo van a poner ya que Dick y yo hemos faltado bastante en la escuela a lo largo de lo que va de curso y hemos de estar hechos unos excelentes savifones en el momento en que nos analizamos este verano. —Sí —ha dicho Anna—. Me hago una pregunta de qué manera va a ser el preceptor. Tengo la promesa de que sea simpático. Tío Quintín fué el día de hoy a contratarle. Dick y Julián se miraron el uno al otro. Los dos estaban persuadidos de que ningún preceptor escogido por tío Quintín debería tener algo simpático. La iniciativa que tenía tío Quintín de los preceptores era que estos habían de ser severos, ajustados y secos. Pero, ¿por qué razón preocuparse? Aún tardaría en venir un día o 2. Y siempre y en todo momento cabía la oportunidad de que resultara simpático y interesante. Los chicos se reanimaron enseguida y comenzaron a frotar animosamente el espeso pelo de la piel de Tim. Este aparentaba estar muy enfadado frente a la visión del preceptor y parecía jurar que le mordería en el momento en que lo viese. ¡Pero feliz Tim! El perro jamás había sufrido hasta el momento las furias de un instructor. Al fin llegaron a Villa Kirrin. Los chicos se pusieron contentísimos de regresar a conocer a su tía y se sintieron bastante aliviados en el momento en que ella mencionó que el tío todavía no había vuelto. —Fué a charlar con 2 o tres señores que contestaron nuestro aviso de que precisábamos un preceptor —ha dicho—. No pienso que tarde en regresar. —Mamá, sospecho que no deberemos estudiar ni ofrecer clases a lo largo de estas vacaciones, ¿verdad? —preguntó Jordi. Hasta el momento absolutamente nadie le había dicho seguramente que esto sucedería, y se encontraba deseosa de darse cuenta de esto. —Oh, sí, Jordi —ha dicho su madre—. Tu padre vió las notas que te dieron en la escuela, y, si bien no son completamente malas (no aguardábamos de ningún modo que fuesen geniales), prueban que a tu edad todavía andas algo retrasada. Unos estudios plus te van a poner dentro de poco al tanto. A Jorge se le obscureció la cara. Claro que había aguardado que le afirmaran algo semejante, pero, de cualquier manera, era asqueroso. —Ana es la única que no deberá ofrecer clases —ha dicho. —Ciertas sí voy a dar —prometió Anna—. Quizás no todas y cada una, Jorge, especialmente cuando realice buen tiempo, pero de manera frecuente sí, si bien no sea mucho más que para hacerte compañía. —Gracias —ha dicho Jordi—. Pero despreocúpate, no te precisaré. Va a estar conmigo Tim. La madre de Jorge no parecía muy persuadida de esto último. —Primero vamos a deber entender qué opina el preceptor sobre esto —ha dicho. —¡Mamá! Si el preceptor no permite que Tim me acompañe a lo largo de las clases, ¡no voy a hacer ni solo una estas vacaciones! —ha dicho Jordi, llevada a cabo una fiera. Su madre se echó a reír. —¡Caramba, caramba, exactamente la misma hierita de siempre y en todo momento! —ha dicho—. Bueno, chicos —añadió—. Vaya a lavarse las manos ahora peinarse un tanto. Da la sensación de que toda la guisa del tren se le ha enganchado. Los chicos y Timoteo comenzaron a subir la escalera. Era fantástico estar los cinco reunidos. Ellos, naturalmente, consideraban a Timoteo como uno mucho más del conjunto. Siempre y en todo momento les acompañaba a todas y cada una de las aventuras y parecía comprender todas y cada una de las cosas que entre ellos se afirmaban. —Me agradaría comprender qué preceptor eligió tío Quintín —ha dicho Dick mientras que se limpiaba las uñas en el lavatorio—. A fin de que nos traiga uno bueno, que sea alegre y simpático y que se realice cargo de que las clases en tiempo de vacaciones han de ser irritantes por fuerza y ​​procure que a lo largo de ellas lo pasemos lo más bien que se pueda… Por el hecho de que sospecho que vamos a tener clases todas y cada una de las mañanas. —Bueno, veloz. Deseo tomar el té ahora —ha dicho Julián— hayamos ido abajo, Dick. Despreocúpate, que próximamente entenderemos de qué forma es el preceptor. Bajaron todos y se sentaron cerca de la mesa del comedor. Juana, la chef, había listo una aceptable porción de dulces muy, muy ricos y una enorme tarta. ¡Solo quedaba nada en el momento en que los chicos acabaron de merendar! Justo entonces llegó tío Quintín. Parecía muy satisfecho de sí. Apretó las manos a los 2 chicos y les preguntó si lo habían pasado bien en la escuela. —¿Has encontrado ahora al preceptor, tío Quintín? —preguntó Anna, que había sentido que el resto estallarían de ganas de preguntar lo mismo. —Sí, y lo he contratado —ha dicho su tío. Se sentó en una silla mientras que la tía Fanny le servía el té—. Me he entrevistado con tres solicitantes, y se encontraba a puntito de decidirme por el último, en el momento en que un compañero de el entró apuradamente en la habitación. Mencionó que terminaba de leer el aviso y que aguardaba no haber llegado bastante tarde. —¿Y le contrataste a él? —preguntó Dick. —Sí, ciertamente —respondió su tío—. Parecía muy capaz. ¡Aun sabía datos de mi vida y de mi trabajo! Y, además de esto, tenía excelentes cartas de recomendación. —No pienso que los pequeños precisen entender todos estos datos —ha dicho Fanny—. Para resumir: ¿le afirmaste que viniese aquí, en el final? —Oh, sí —ha dicho tío Quintín—. Es bastante mayor que el resto, que, a mi parecer, eran bastante jóvenes. Y semeja muy sensato y también capaz. Estoy convencido de que te agradará, Fanny. Es lo que mucho más es de nuestra conveniencia. Pienso que me agradará charlar con él ciertos ratos durante la noche. Los chicos no lograron evitar sentirse algo sobresaltados con lo que habían oído sobre el preceptor. Su tío observó, sonriendo, sus cariacontects semblantes. —Le agradará el señor Roland —ha dicho—. Sabe de qué forma ingresar a los jóvenes y piensa usar sus fuerzas a fin de que en el momento en que terminen las vacaciones sepan considerablemente más cosas que en el momento en que comenzaron. Los chicos, al oír esto, se alarmaron aún mucho más. ¡Cuánto mejor habría sido que, en lugar de tío Quintín, podría haber sido la tía Fanny la que escogiera el preceptor! —¿Cuándo va a llegar? —preguntó Jordi. —Mañana —respondió el padre—. Puede ir todos a aguardarlo a la estación. Esto le agradará bastante. —Nosotros pensamos ir mañana al pueblo a conocer los escaparates y obtener cosas de Navidad —ha dicho Julián observando la cara de disgusto que había puesto Ana. —No, no. Va a ir a la estación, como les he dicho —ha dicho su tío—. Yo le dije que iríais. Y tenga presente los 4: ¡nada de llevarse mal con él! Va a ser buenos chicos y va a estudiar intensamente: tenga presente que su padre va a dar al preceptor un fuerte estipendio. Yo contribuiré con la tercera parte por el hecho de que deseo que Jorge asimismo dé clases. Ya conoces, Jorge: a llevarte bien ahora estudiar. —Lo procuraré —ha dicho Jordi—. Si me resulta simpático, lo voy a hacer lo más bien que se pueda. —¡Te vas a llevar bien tanto si te es simpático tal y como si no! —ha dicho su padre frunciendo las cejas—. Va a llegar al tren número trece. Procure estar a tiempo en la estación. —Quisiera que no sea bastante severo con nosotros —ha dicho Dick, durante la noche, utilizando unos minutos en los que estaban solos—. Nos pulsará las vacaciones si se pasa el tiempo vigilándonos y retomándonos. Y espero asimismo que le resulte interesante Tim. Jorge levantó de manera rápida la visión y miró a su primo. —¡Claro que le agradará Timoteo! —exclamó—. ¿Por qué razón no sería de este modo? —Ya que tu padre no simpatizaba bastante con Timoteo este último verano —ha dicho Dick—. Yo, naturalmente, no puedo entender de qué forma probablemente halla alguien a quien no le agrade Timoteo. Pero, Jorge, sabes realmente bien que hay muchas personas que no quiere a los perros. —Si al señor Roland no le agrada Timoteo, ¡no pienso hacerle el mucho más mínimo caso! —ha dicho Jordi—. ¡Ni el mucho más mínimo caso! —Ahora está aquí otra vez la hierita —ha dicho Dick, riéndose—. A fe de que va a haber tormenta si resulta que al señor Roland no le agrada nuestro simpático Tim.

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