como se lama el profesor de las aventuras de tin

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Tintín es un mito del siglo XX. Su ética de scout ha inspirado a múltiples generaciones de leyentes con edades comprendidas entre los siete y los setenta y siete años. Nativo de Etterbeek (Bélgica) en 1907, Georges Remi, internacionalmente popular por el seudónimo artístico de Hergé, se incorporó al movimiento escucha de niño. De padre valón y madre flamenca, primero perteneció a los scouts laicos, pero tras su confirmación en la iglesia de Sainte-Gertrude y su ingreso en el instituto arzobispal de Saint-Boniface, pasó a los scouts católicos, presionado por los sus progenitores. Siempre y en todo momento recordaría ese cambio como una deslealtad. Explorador competente y con talentos de liderazgo, va a ser nombrado jefe de patrulla y se le asignará el alias de «Guineo Interesante» como tótem, según la tradición escucha de copiar las prácticas de los pueblos originarios estadounidense. A lo largo de los campamentos de verano va a viajar a Italia, Suiza, Austria y España. Entre julio y agosto de 1923, cruzará los Pirineos, pasando por Lourdes. Prácticamente trescientos km caminando, una experiencia física y espiritual que arraigará dentro suyo, inculcándole un riguroso rigor ética.

paisaje

En las insignes diálogos en Bruselas con Numa Sadoul a inicios de los años setenta, va a reconocer: «Tintín nació, precisamente, de mi deseo inconsciente de ser especial, de ser un héroe».

Oraciones resaltadas de «Las aventuras de Tintín: el misterio del Unicornio»

  • Tintin: «¿No comprende? Hemos fracasado».
  • Capitán Haddock: «Jamás te afirmes esto a ti, jamás te lo afirmes a ti. Si hay un muro, atravesarlo».
  • Tintín: «¿Qué tal su sed de aventuras?»
  • Capitán Haddock: «Insaciable, Tintín».

Calificación: 9.

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Un submarino con apariencia de tiburón

Entre las aventuras del héroe de Hergé, Tintín tiene el genio del instructor Tornasol al que se le ocurrió inventar nada menos que uno submarino con apariencia de tiburón para lograr ver las profundidades marinas en busca del tesoro de un navío hundido siglos atrás. ¿Quién se aventuraría a pilotar este aparato y más que nada a confiar en él?

Si al comienzo los continuos malentendidos con el instructor vuelven ido a alguno y enervan más que nada el colérico Capitán Haddock, ese personaje que iba para muy secundario terminó transformándose en un indispensable de Tintín. «¡Amado instructor!», exclama nuestro héroe al rencontrarse con él.

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