coleccion de enid blyton serie de aventuras en la montaña

Estimados pequeños y pequeñas: Como sabéis, tenía la intención de finalizar esta serie de aventuras en el sexto libro, que se titula «Aventura en el barco». En ese libro, Bill Cunningham, amigo y compañero de aventuras de los 4 pequeños –Jack, Jorge, Dolly y Lucy–, se casó con la señora Mannering, madre de Jorge y de Dolly; Jack y Lucy, que son huérfanos, piensan a la madre de Jorge y Dolly como tía suya y llaman tía Allie. En este octavo libro, de la misma en el séptimo, hallará, naturalmente, que a la señora Mannering se le llama señora Cunningham, mujer de Bill. Bill, como siempre, es Bill a secas. Los 4 pequeños, Bill y su mujer, forman una familia espléndida. Ahora va a haber conocido, por el primer libro de esta serie, «Aventura en la isla», como todos conocieron a Bill. Nosotros, pequeños y pequeñas, sois los autores de que prosiga esta compilación de aventuras tras haber decidido darla por terminada. Penséis, con buen acuerdo, que, puesto que Bill y la señora Mannering ahora estaban en matrimonio ​​y todo parecía preparado para un desenlace feliz, la serie podía darse por completa. Y les llevó un desengaño tan enorme al meditar que pudiese no haber mucho más aventuras con Jack, Kiki, Jorge, Dolly y Lucy, que me anegó con un diluvio de cientos y cientos de cartas —pienso que bien podría decir miles—, ordenando -me, suplicándome que escribiera mucho más libros de aventuras. Las cartas no llegaron solo de pequeños de Enorme Bretaña, sino más bien asimismo de australianos, neozelandeses, sudafricanos, africanos orientales, americanos e inclusive de pequeños de países extranjeros como Alemania, donde se publican los libros de la serie Aventura , traducidos. Así que, como ven, he accedido a su deseo y he continuado primero la serie con el séptimo tomo y, en este momento, con el octavo, «Aventura en el río». Confío en que te agradará. Los tomos publicados son: Aventura en la isla Aventura en el castillo Aventura en el valle Aventura en el mar Aventura en el monte Aventura en el barco Aventura en el circo Buenísima suerte a todos les quiere, Capítulo Primero. 4 cuidados inválidos —¡Pobre Dolly! —ha dicho una vocecita triste en la puerta de la alcoba—. ¡Pobre Dolly! ¡Sónate la nariz, pobre Dolly! Se sintieron fuertes resoplidos y, ahora, una tos seca. Entonces reinó el silencio, tal y como si la persona que estuviese fuera estuviese oyendo para oír si había contestación. Jack se incorporó a la cama y miró hacia Jorge, que ocupaba la cama de enfrente. —Jorge…, ¿vas a poder aguantar que entre Kiki? Suena tan triste… Jorge asintió con un movimiento de cabeza. —Bueno. Siempre y cuando no lleve a cabo alaridos ni realice bastante estruendos. Tengo la cabeza mejor, merced a Dios. Jack se levantó de la cama y se dirigió, con paso dudoso, a la puerta. Jorge, él y ámbas pequeñas habían cogido un fuerte trance del que todavía estaban dolientes y se sentían bastante enclenques todavía. Jorge le había cogido mucho más fuerte que ninguna, resultándole irrealizable aguantar el loro en su alcoba. Este imitaba las tosas, los estornudos y todos los otros sonidos y al pobre Jorge, si bien le agradaban las aves y el resto animales, le daban ganas de tirarle zapatillas, libros o cualquier otra cosa que tuviese a mano al desconcertante pájaro . —¡Pobrecito! —susurró Jack. Y el pájaro le voló enseguida al hombro—. Jamás te habíamos obligado a quedarte fuera, ¿no? Pero es que a absolutamente nadie que tenga quemacocos le agradan los ruidos que acostumbras a llevar a cabo, amigo. ¡Por poco volviste desquiciado a Jorge en el momento en que hiciste tu imitación de un aeroplano en apuros! —¡Cállate! —exclamó Jorge, estremeciéndose al pensarlo—. Tengo la sensación de que jamás volveré a reír de los ruidos que hace Kiki. Tosió y procuró a tientas el pañuelo bajo la almohada. Kiki asimismo tosió, pero prudentemente. Jack sonrió. —Es inútil, Kiki —ha dicho—. Tú no andas resfriado, por el hecho de que es inútil que procures fingirlo. —Inútil, inútil. ¡Límpiate los pies! ¡Cierra la puerta! —ha dicho el loro. Y soltó una carcajada. —No; aún no nos encontramos prestos a reírnos de tus idioteces, «Kiki» —le anunció su amo, volviendo a acostarse—. ¿No tienes idea desempeñar el papel de quien visita un enfermo? Una voz queda… movimientos de simpatía… todo lo mencionado. —¡Pobre loret! —respondió el pájaro. Y se acorrucó todo cuanto ha podido contra el cuello de Jack. Espiró un colosal suspiro.

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